Etica y sentido común en el nuevo periodismo

Uno de los debates que hay en la actualidad en torno a la “crisis” del periodismo es el de la supuesta pérdida de credibilidad. ¿Y por qué no hablar también de pérdida de rigor periodístico? Y lo que es peor, pérdida de la ética.

La “urgencia” por informar antes que la competencia, una característica tradicional del periodismo, se ha  visto acentuada por los medios de “tiempo real”, empezando por los audiovisuales (radio y televisión), y aún más acelerada con la llegada de internet. En muchos casos, esta urgencia está yendo dramáticamente en contra del tradicional rigor periodístico. Y como consecuencia de éllo, está llevando a los medios a una evidente pérdida de credibilidad.

Es cierto que ya no podemos pensar en volver a los “ritmos” informativos habituales en medios impresos, como prensa o revistas. Y no es siquiera deseable, sino al contrario, los nuevos ritmos de la información son un logro para los lectores / usuarios y para el periodismo. Pero esto no debe de conducir a una irremediable pérdida de un básico rigor periodístico.

En las últimas semanas ha habido varios hechos que han sacado los colores a los medios periodísticos y a los propios periodistas, y ya es difícil que en el sector se reconozcan los errores. El más sangrante, sin duda,  ha sido el “linchamiento” público de Diego Pastrana, el joven acusado de abusar y agredir hasta la muerte a la hija de su pareja, cuando en realidad lo único que hizo fué intentar salvar su vida tras un degraciado accidente.

Medios y  periodistas se ha podido escudar en la afirmación de que sólo transmitían la información errónea que habian recibido. Quizás sea en gran medida cierto, por ello pienso que un mejor ejemplo de la irresponsabilidad de los medios, urgido por el natural ansia general de tener más información, ha sido la sobreactuación informativa que, sin lugar a dudas, dificultó la liberación de los marineros del Alakrana secuestrados en Somalia.

En estas circunstancias, y similares, se debe demandar a medios y periodistas la aplicación de normas que deben estar siempre implícitas al ejercicio del periodismo: la ética y el sentido común.

Es cierto que a veces es difícil sustraerse a los efectos de la urgencia informativa, de forma que se rocen los límites del mínimo rigor exigible. Pero nunca deben superarse unos mínimos criterios éticos y de sentido común. Y esto sí que es imprescindible tambien en esta época de periodismo de tiempo real.

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