El cambio está en la intermediación y distribución de los contenidos

En el gran debate que se está produciendo a raiz del anuncio del anteproyecto de Ley de Economía Sostenible, y del manifiesto en defensa del libre ejercicio de libertades, y respaldado másivamente por el mundo de internet, son muchos los conceptos y términos que se mezclan y confunden.

Pero lo cierto es que el avance tecnológico que supone internet está impulsando un nuevo modelo de relación entre los generadores de contenidos y los usuarios que los disfrutan y consumen. Y la clave de dicho nuevo modelo es la ruptura de los sistemas de intermediación y distribución de los contenidos.

Hasta hace poco, para escuchar la música y las canciones creadas por un autor, era necesario un sistema de producción y distribución cuyo resultado final se plasmaba en un CD que teníamos que comprar en una tienda. Ahora, con internet, un autor puede crear su música con sistemas digitales y darla a conocer distribuyéndola libremente por la red.

Algo parecido sucede con el vídeo. Cualquiera de nosotros podemos hacer una película con cámara digital y distribuirla directamente por Internet. Y lo mismo sucede con otros muchos contenidos, como los billetes de avión, que para conseguirlos ya no es necesario ir a una tienda en forma de agencia de viaje.

O como los periodísticos. Los periodistas podemos generar información, como hemos hecho toda la vida, y ya no necesitamos un medio informativo donde publicarla para darla a conocer. Lo podemos hacer de una forma muy sencilla en la red.

Y esta es la clave, la desaparición de los procesos de intermediación y la distribución.

Ahora bien, cuáles van a ser las reglas del juego finales de este nuevo modelo están todavía por ver. Entre todos los que estamos viviendo el mundo de internet estamos creando dichas nuevas reglas del juego, incluidos los nuevos modelos de negocio, en muchos casos todavía muy precarios.

Y por su parte, quienes no han entrado en el mundo de internet, quienes no lo entienden y lo rechazan como una reacción ante algo nuevo que ya es obvio que está derribando los modelos antiguos, mantienen y mantendrán una actitud posiblemente cada vez más beligerante de resistencia al cambio.

Por tanto, el debate no se queda en cómo evitar las descargas gratuitas o cómo defender los derechos de autor. Es mucho más complejo y hay un gran trasfondo económico.

Pero no deben ser los creadores de contenidos los realmente afectados. Es a los intermediarios a quienes el nuevo modelo está derribando su “negocio”. Y no se pueden poner puertas al campo…del avance tecnológico.

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